Lecturas del 10 de febrero del 2018 (Sábado de la Quinta Semana)

El Señor realizó el milagro de la multiplicación del pan, pero quiso asociar al mismo a sus discípulos. Hoy también el Señor puede y quiere seguir realizando el milagro de alimentar material y espiritualmente a los hombres, pero hoy como entonces, quiere asociarnos a nosotros a ese milagro, quiere que cada uno de nosotros ponga lo que tiene a su disposición. Por eso hoy vamos a ofrecerle al Señor nuestra disponibilidad para que Él complete nuestro esfuerzo con su omnipotencia y ya no haya en nuestro mundo más hambre de pan material y tampoco haya más hambre de Dios.

Lecturas del 9 de febrero del 2018 (Viernes de la Quinta Semana)

En el Bautismo recibimos la responsabilidad de no dejar que nadie pierda su fe ante la avalancha de ideas y de errores doctrinales y morales a los que frecuentemente estamos sometidos. Cada cristiano debe ser testimonio de buena doctrina, testigo -no solo con el ejemplo: también con la palabra- del mensaje evangélico. Y debemos aprovechar cualquier oportunidad que se nos presente, con nuestros familiares, con nuestros amigos, compañeros y vecinos. También con aquellas personas con quienes por casualidad compartimos un viaje o un encuentro circunstancial. Pidamos a María que, por la gracia del Bautismo, nos inspire para que si nuestros oídos permanecen abiertos y podemos hablar correctamente, con frecuencia durante nuestra vida nos convirtamos en verdaderos apóstoles del Señor.

Lecturas del 29 de enero del 2018 (Lunes de la Cuarta Semana)

El espíritu del mal es múltiple y tiene muchos nombres. Espíritus del mal son el odio, que destierra el amor; la ambición que seca el corazón humano; las riquezas mal adquiridas o mal conservadas, que son fuente en no pocas injusticias; la opresión, que destruye la caridad; la mentira, que ahuyenta el Espíritu. El hombre de hoy no tiene menos necesidad que ese hombre del evangelio de que Jesús venga a arrojar tantos espíritus malos, que se instalen en el corazón y que se instalan como Legión.

Lecturas del 17 de enero del 2018 (Miércoles de la Segunda Semana)

Cuando nuestra religión es solo para salvarnos, no sirve. Al meditar cada día el evangelio, debemos fijarnos en las actitudes de Jesús y procurar reproducirlas en nuestra vida. Así seremos hombres y mujeres libres, llenos de amor a Dios, pero también disponibles siempre al servicio de nuestro prójimo. Hoy vamos a pedirle al Señor que nos dé un corazón dócil, siempre dispuesto a la bondad, capaz de brindar comprensión, y especialmente en este día vamos a poner atención a nuestras actitudes, para ver si realmente nuestro amor a Dios, también se muestra en el amor a los demás, en el trato cordial, en estar atentos a las necesidades materiales o espirituales de nuestra familia y las personas que nos rodean.

Lecturas del miércoles 10 de enero del 2018 (Primera Semana tiempo ordinario)

Por la mañana, antes que amaneciera, Jesús se levantó, salió y fue a un lugar desierto; allí estuvo orando. Simón salió a buscarlo con sus compañeros, y cuando lo encontraron, le dijeron: «Todos te andan buscando.» El les respondió: «Vayamos a otra parte, a predicar también en las poblaciones vecinas, porque para eso he salido.» Y fue predicando en las sinagogas de toda la Galilea y expulsando demonios.

Lecturas del martes 9 de enero del 2018 (Primera Semana tiempo ordinario)

Dice el evangelio que Jesús exponía su doctrina con autoridad. Esa autoridad surge de su vida, porque Cristo vivía lo que exponía. Esto nos enseña que para predicar con autoridad, hay que vivir en conformidad con lo que se predica. Nosotros debemos vivir lo que decimos y hablar de lo que vivimos. No podemos hablar de la fe, si no vivimos en plenitud la fe. No podemos pensar que somos discípulos de Jesús, si Él no es nuestro modelo. La autoridad para hablar de Dios y de su Reino, nos la da nuestra vida. Si nuestra vida no es acorde con lo que decimos, no podremos convencer a nadie. Por eso los padres, los educadores, tenemos una gran responsabilidad, porque la educación que trasmitimos a nuestros hijos, o a nuestros alumnos, no es lo que les decimos sino lo que somos.