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Homilía del martes 11 de diciembre de 2018, II ADVIENTO

Is 40,1-11; Sal 95; Mt 18, 12-14.

El desarrollo de la tecnología y la ciencia nos ha permitido tener mejor vida. Hay realidades que ya consideramos parte de la vida ordinaria, tal vez nacimos con ellas: radio, televisión, internet, que suponen electricidad y conexión.
¿Cómo nos sentimos cuando no hay corriente eléctrica? ¿Lo mismo cuando nuestro celular no tiene conectividad? Algo falta y nos preocupamos por retomar eso que nos hace falta.
La oveja perdida es como esa parte que el pastor vive con la misma angustia. Es más urgente para él porque supone su bien personal que le produce otros bienes. El ejemplo de Jesús dista mucho de esto que anotamos.
Para Jesús, cada oveja es una persona amada, acogida, cuidada, conducida. Y su preocupación parte de esas actitudes, decididas en su misericordia. La oveja se puede perder por muchos motivos. Uno es por rechazo al pastor.
Esto es lo que Jesús destaca. Aunque lo hayamos rechazado, puesto en un lugar secundario, considerarlo objeto de folclore, Él no deja de amarnos ni de buscar volver a estar juntos. Y encontrarnos es su gozo.
Vivimos el gozo en el tiempo de adviento en la medida que queremos volver o a iniciar verdaderamente un encuentro con Cristo. Este es el llamado de Jesús a través de la parábola y es el grito en “lo alto del monte… la palabra de nuestro Dios permanece para siempre”.
Dios es creador, de vida. No abandona nada de lo creado ni permite su ausencia. Por su Palabra vinieron a la existencia todas las cosas. Su Palabra permanece. Esta Palabra de vida no deja que nada muera.
El rechazo a Dios lleva a la muerte y podemos perdernos, salir del rebaño del Buen Pastor cuando lo rechazamos. El Adviento es tiempo del camino de Dios hacia nosotros y del nuestro hacia Él. ¡Convirtámonos!

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Vicaría de San Buenaventura

La Vicaría Pastoral Territorial de San Buenaventura es una de las cuatro vicarías que conforman la Diócesis de Cuautitlán, comprende mayormente parroquias ubicadas en los municipios de Melchor Ocampo, Cuautitlán, Tultepec y Tultitlán en el Estado de México.

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