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Lecturas del 2 de Marzo del 2019 (Sábado de la Séptima Semana)

SANTORAL: Santa Cunegunda

Lectura del libro del Eclesiástico 17, 1-15

El Señor creó al hombre de la tierra y lo hace volver de nuevo a ella.
Le señaló un número de días y un tiempo determinado, y puso bajo su dominio las cosas de la tierra.
Lo revistió de una fuerza semejante a la suya y lo hizo según su propia imagen. Hizo que todos los vivientes lo temieran, para que él dominara las fieras y los pájaros. Le dio una lengua, ojos y oídos, el poder de discernir y un corazón para pensar.
El colmó a los hombres de saber y entendimiento, y les mostró el bien y el mal.
Les infundió su propia luz, para manifestarles la grandeza de sus obras, y les permitió gloriarse eternamente de sus maravillas: así alabarán su Nombre santo, proclamando la grandeza de sus obras.
Les concedió además la ciencia y les dio como herencia una Ley de vida; estableció con ellos una alianza eterna y les hizo conocer sus decretos.
Ellos vieron con sus ojos la grandeza de su gloria y oyeron con sus oídos la gloria de su voz. El les dijo: «Cuídense de toda injusticia», y dio a cada uno preceptos acerca del prójimo.
Los caminos de los hombres están siempre ante él y no pueden ocultarse a sus ojos.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 102, 13-14. 15-16. 17-18a (R.: cf. 17)

R. El amor del Señor a los que lo temen
permanece para siempre.

Como un padre cariñoso con sus hijos,
así es cariñoso el Señor con sus fieles;
él conoce de qué estamos hechos,
sabe muy bien que no somos más que polvo. R.

Los días del hombre son como la hierba:
él florece como las flores del campo;
las roza el viento, y ya no existen más,
ni el sitio donde estaban las verá otra vez. R.

Pero el amor del Señor permanece para siempre,
y su justicia llega hasta los hijos y los nietos
de los que lo temen y observan su alianza. R.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 10, 13-16

Le trajeron entonces a unos niños para que los tocara, pero los discípulos los reprendieron. Al ver esto, Jesús se enojó y les dijo: «Dejen que los niños se acerquen a mí y no se lo impidan, porque el Reino de Dios pertenece a los que son como ellos. Les aseguro que el que no recibe el Reino de Dios como un niño, no entrará en él.» Después los abrazó y los bendijo, imponiéndoles las manos.

Palabra del Señor.

Reflexión

El evangelio de hoy comienza con un conflicto entre Jesús y sus discípulos a causa de la gente, -del pueblo fiel- que se acercaba a Jesús con los niños para que el Señor los tocara.

Como suele pasar en otros lugares del Evangelio, surge un conflicto de Jesús – no con la gente-, con sus discípulos, que no comprenden la actitud de la gente y la actitud de Jesús. La actitud de Jesús, de simpatía y apertura a los niños, es una de las características de su apostolado. El reino de Dios, no se gana por “mérito” y no tiene “herederos forzosos”. El reino de Dios es “don” y “regalo” del mismo Dios y hay que recibirlo con agradecimiento y humildad, como reciben los niños los regalos de sus papás.

Los apóstoles, -que hacían poco caso de los niños, como era la costumbre de aquel tiempo-, quieren impedir que los niños se acerquen a Jesús. Jesús, se pone firme y los reprende. “Dejad que los niños se acerquen”, porque de los que son como “niños” es el Reino de Dios. El reino de Dios es de los que se hacen como niños y hay que recibir el reino de Dios como un niño, para poder entrar en él.

Hacerse como niños…, es una actitud que tenemos que conservar toda la vida. Mostrarnos ante Dios “como niños”. Sólo así Él nos puede atender, y dar de comer como un padre a un hijo. Un niño es un ser desvalido que necesita cuidados de sus padres, y por más que crezcamos en edad, siempre conservamos algo de niños, porque hasta el más poderoso es desvalido “siempre” ante Dios y muchas veces también ante los hombres. Sobretodo en la vejez o en la enfermedad, necesitamos de los hermanos, como un niño necesita de su madre y padre. Esa “parte de niño”, no se pierde con las canas, porque no sólo “nos gusta” ser atendidos sino que además este gusto es signo de “una necesidad”.  En realidad, necesitamos ser “atendidos por Dios”. No experimentar esta necesidad, es ser “autosuficientes” y siendo “autosuficientes”, no entraremos en el Reino. La niñez, es el paraíso perdido de la sencillez espiritual. Y este camino de la “infancia espiritual”, es el camino por el que llegamos a Dios.

Pero, ¿cómo se aprende a ser niño cuando uno es grande y sólo le queda la nostalgia de la niñez? Sólo hay un camino: “convivir con los niños, atenderlos, hacerlos felices”, “no” para evangelizarlos, sino para “ser” evangelizados por ellos, y no con palabras, sino por el contagio de su actitud frente a la vida.

Los cristianos de hoy solemos ser demasiado complicados y confiamos demasiado en técnicas y estructuras, cuando deberíamos ser como niños pequeños ante Dios, y confiar más en el poder del Espíritu. A los niños en tiempos de Jesús se los tenía por nada, eran “insignificantes”. Y este ser tenido por nada, nos dice el Señor que es la mejor entrada al reino de los cielos. Inocencia y limpieza de corazón, humildad y sencillez, son actitudes de los niños que necesitamos para ser verdaderos seguidores del Señor.

Pidámosle hoy a María, nuestra madre, maestra y modelo, que nos tome de la mano y nos enseñe a ser “niños” ante Dios.

SANTORAL: Santa Cunegunda, emperatriz

En la antigua ciudad de Lutzelburg (hoy Luxemburgo)nació, a fines del siglo X, Cunegunda, hija del conde Sigfrido, cuyo nombre significa “luchadora atrevida”. La leyenda le ha dado el nombre de “la santa de las tres coronas”: la reina, por haberse casado con Enrique II de Alemania; la corona imperial y la corona de espinas que rodeó las sienes de esta emperatriz consagrada a Dios.
Cunegunda, que había sido aleccionada en la más estricta doctrina cristiana, se casó con Enrique II en el año 1002 y ambos, doce años más tarde, recibieron en Roma la corona imperial de manos del papa Benedictino VIII. La pareja recorría el territorio, fundando escuelas y hospitales. Los desdichados eran oídos, protegidos los huérfanos. Parecía que todo el dolor de la humanidad podía ser aliviado por este hombre y esta mujer, a quienes la nación adoraba. Tristes días llegaron para ambos. Los celos de Enrique II angustiaron a Cunegunda. La calumnia enloqueció de dolor a la esposa, quien rogaba a Dios: “Tú solo puedes esclarecer el alma de este hombre, que es mi esposo, a quien respeto y amo después de ti. Vuelve, Dios mío, a sus ojos y a su corazón, ahora extraviados, la verdad que nos devolverá la paz. Cunegunda exigió, para probar su inocencia, un “juicio de Dios”: con los pies descalzos, logró pasar sobre una hilera de rejas candentes sin dañarse. Así volvieron los días felices para los esposos , que tanto bien hacían al país. Cunegunda sobrevivió muchos años a Enrique II, muerto en 1024.
Una mañana -corría el año 1025- la emperatriz viuda se presentó en la iglesia benedictina en Kaufungen, Se oficiaba la misa. Al concluir el evangelio, se vio a Cunegunda acercarse al altar mayor y despojarse de sus resplandecientes joyas y atavíos imperiales. En manos del arzobispo de Maguncia depositó la corona.
Los asistentes al oficio religioso vieron con asombro que la emperatriz recibía otras ropas: un rudo sayal tejido por ella durante el primer año de viudez; era el hábito negro de las benedictinas, y un velo también negro cubrió su cabeza, coronando la frente una simbólica corona de espinas.
Recordó aquel lejano día de san Lorenzo del año 1002 cuando el pueblo exclamaba: “¡Viva la novia! ¡Viva Cunegunda, nuestra reina y bienhechora!” Pero ahora las palabras novia y reina habían sido reemplazadas y le decían: “santa bendita”. Falleció en el convento de Kaufungen, el 3 de marzo del año 1040. Después de su muerte Dios la honró con numerosos milagros.

Otras Celebraciones de hoy: Santos: Emeterio y Celedonio, Marino, Asterio, Cleónico, Eutropio, Basilisco, Félix, Lucíolo, Fortunato, Marcial, mártires; Ticiano, obispo; Anselmo, confesor.

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Vicaría de San Buenaventura

La Vicaría Pastoral Territorial de San Buenaventura es una de las cuatro vicarías que conforman la Diócesis de Cuautitlán, comprende mayormente parroquias ubicadas en los municipios de Melchor Ocampo, Cuautitlán, Tultepec y Tultitlán en el Estado de México.

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