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Lecturas del 25 de Enero del 2019 (Viernes de la Segunda Semana)

SANTORAL: La Conversión de San Pablo, Apóstol

Lectura de los Hechos de los apóstoles 9, 1-22

Saulo, que todavía respiraba amenazas de muerte contra los discípulos del Señor, se presentó al Sumo Sacerdote y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de traer encadenados a Jerusalén a los seguidores del Camino del Señor que encontrara, hombres o mujeres.
Y mientras iba caminando, al acercarse a Damasco, una luz que venía del cielo lo envolvió de improviso con su resplandor. Y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: «Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?»
El preguntó: «¿Quién eres tú, Señor?»
«Yo soy Jesús, a quien tú persigues, le respondió la voz. Ahora levántate, y entra en la ciudad: allí te dirán qué debes hacer».
Los que lo acompañaban quedaron sin palabra, porque oían la voz, pero no veían a nadie. Saulo se levantó del suelo y, aunque tenía los ojos abiertos, no veía nada. Lo tomaron de la mano y lo llevaron a Damasco. Allí estuvo tres días sin ver, y sin comer ni beber.
Vivía entonces en Damasco un discípulo llamado Ananías, a quien el Señor dijo en una visión: «¡Ananías!»
El respondió: «Aquí estoy, Señor».
El Señor le dijo: «Ve a la calle llamada Recta, y busca en casa de Judas a un tal Saulo de Tarso. El está orando y ha visto en una visión a un hombre llamado Ananías, que entraba y le imponía las manos para devolverle la vista».
Ananías respondió: «Señor, oí decir a muchos que este hombre hizo un gran daño a tus santos en Jerusalén. Y ahora está aquí con plenos poderes de los jefes de los sacerdotes para llevar presos a todos los que invocan tu Nombre».
El Señor le respondió: «Ve a buscarlo, porque es un instrumento elegido por mí para llevar mi Nombre a todas las naciones, a los reyes y al pueblo de Israel. Yo le haré ver cuánto tendrá que padecer por mi Nombre».
Ananías fue a la casa, le impuso las manos y le dijo: «Saulo, hermano mío, el Señor Jesús -el mismo que se te apareció en el camino- me envió a ti para que recobres la vista y quedes lleno del Espíritu Santo.»
En ese momento, cayeron de sus ojos una especie de escamas y recobró la vista. Se levantó y fue bautizado. Después comió algo y recobró sus fuerzas.
Saulo permaneció algunos días con los discípulos que vivían en Damasco, y luego comenzó a predicar en las sinagogas que Jesús es el Hijo de Dios.
Todos los que oían quedaban sorprendidos y decían: «¿No es este aquel mismo que perseguía en Jerusalén a los que invocan este Nombre, y que vino aquí para llevarlos presos ante los jefes de los sacerdotes?» Pero Saulo, cada vez con más vigor, confundía a los judíos que vivían en Damasco, demostrándoles que Jesús es realmente el Mesías.

Palabra de Dios.

SALMO Sal 116, 1. 2 (R.: cf. Mc 16, 15)

R. Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia.

¡Alaben al Señor, todas las naciones,
glorifíquenlo, todos los pueblos! R.

Porque es inquebrantable su amor por nosotros,
y su fidelidad permanece para siempre. R.

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 16, 15-18

Jesús se apareció a los Once y les dijo:
«Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación. El que crea y se bautice, se salvará. El que no crea, se condenará.
Y estos prodigios acompañarán a los que crean: arrojarán a los demonios en mi Nombre y hablarán nuevas lenguas; podrán tomar a las serpientes con sus manos, y si beben un veneno mortal no les hará ningún daño; impondrán las manos sobre los enfermos y los curarán».

Palabra del Señor.

Reflexión

Hoy la Iglesia festeja la Conversión de San Pablo a las puertas de Damasco. San Pablo, siendo judío, era también ciudadano romano. Desde su infancia fue educado conforme a la doctrina de los fariseos. Se destacó inicialmente como implacable perseguidor de las primeras comunidades cristianas. Su conversión, ocurrió de modo inesperado camino a Damasco, cuando lideraba una persecución contra los cristianos de aquella ciudad. Jesús resucitado, se le apareció, lo derribó del caballo y le habló. Las palabras de Jesús, le llegaron a Pablo al alma, y su mundo de odio contra Cristo se transformó en amor y entrega incondicional. Este episodio ocurrió allí por el año 36, y desde entonces, Pablo dedicó toda su vida al servicio de Cristo, anunciando el Evangelio de Jesucristo y el misterio de su pasión y resurrección, y murió mártir, por Cristo. Pablo es sin duda una de las principales figuras del cristianismo

Vamos a pedirle hoy al Señor, poder decir como Pablo en su Carta a Timoteo:

“Sé de quién me he fiado y estoy firmemente persuadido de que tiene poder para asegurar hasta el último día, en que vendrá como juez justo, el encargo que me dio”.

San Pablo recibió el llamado de Jesús y se convirtió. Fue su ferviente defensor durante toda su vida. No importó su pasado, no importó que hubiese sido el enemigo acérrimo del Señor, no importó nada. El encuentro con Jesús lo transformó, y comenzó su vida de seguimiento incondicional a Cristo.

El Señor quiere mostrarnos hoy también a cada uno de nosotros, que como a San Pablo, Él nos elige para seguirlo. Quizás no nos tiene que derribar del caballo, pero seguramente que nosotros también estamos necesitando que nos sacuda un poco de todo este mundo en que vivimos, que nos aleja del verdadero camino”.

Digámosle hoy a Él que nos llame a seguirlo. Queremos también nosotros decir como San Pablo, con fe: “Vivo de la fe en el Hijo de Dios, que me amó hasta entregarse por mí”.

Con presunción de bélico soldado,
galán sale feroz, Pablo atrevido,
que, si ahora en la cuenta no ha caído,
caerá muy presto del primer estado.

¿Adónde, Pablo, de soberbia armado,
para quedar con una voz vencido?
Seguid las letras, ¿dónde vais perdido?,
que habéis de ser doctor del mayor grado.

Aunque valor vuestra persona encierra,
no es bien que nadie contra Dios presuma:
que dará con los ojos por la tierra.

La Iglesia espera vuestra docta suma:
mirad que no sois vos para la guerra,
dejad las armas y tomad la pluma. Amén

Liturgia de las Horas – Himno de Laudes de la fiesta de la Conversión de San Pablo

SANTORAL: La Conversión de San Pablo, Apóstol

Judío de la tribu de Benjamín, Saulo fue enviado por sus padres desde muy joven a Jerusalén, donde se instruyó en la Ley de Moisés con el fariseo Gamaliel. Luego, ingresó a la severa secta de los fariseos, convirtiéndose en un perseguidor y enemigo de Cristo. Lo apasionado de su persecución lo llevó a ofrecerse al sumo sacerdote para ir a Damasco a arrestar a todos los judíos que confesaran a Jesús, pero Dios decidió mostrar su misericordia y paciencia con Saulo y ya cerca de Damasco, una luz del cielo brilló sobre él y sus compañeros, cegándolo por espacio de tres días, tiempo en el que permaneció en casa de un judío llamado Judas, sin comer ni beber. Por revelación de Cristo, el cristiano Ananías fue al encuentro de Saulo, quien recuperó la vista y se convirtió, accediendo al bautismo y predicando en las sinagogas al Hijo de Dios, con gran asombro de sus oyentes. Así el antiguo perseguidor blasfemo se convirtió en apóstol y fue elegido por Dios, como uno de sus principales instrumentos para la conversión del mundo.

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