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Lecturas del Martes 25 de Diciembre del 2018, Natividad del Señor – Misa de la Aurora

SANTORAL: Natividad del Señor

Lectura del libro del profeta Isaías 62, 11-12

Esto es lo que el Señor hace oír hasta el extremo de la tierra: «Digan a la hija de Sión: Ahí llega tu Salvador; el premio de su victoria lo acompaña y su recompensa lo precede. A ellos se los llamará “Pueblo santo”. “Redimidos por el Señor”; y a ti te llamarán “Buscada”, “Ciudad no abandonada”.»

Palabra de Dios.

SALMO Sal 96, 1 y 6. 11-12

R. Hoy brillará una luz sobre nosotros,
porque nos ha nacido el Señor.

¡El Señor reina! Alégrese la tierra,
regocíjense las islas incontables.
Los cielos proclaman su justicia
y todos los pueblos contemplan su gloria. R.

Nace la luz para el justo,
y la alegría para los rectos de corazón.
Alégrense, justos, en el Señor
y alaben su santo Nombre. R.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a Tito 3, 4-7

Cuando se manifestó la bondad de Dios, nuestro Salvador, y su amor a los hombres, no por las obras de justicia que habíamos realizado, sino solamente por su misericordia, él nos salvó, haciéndonos renacer por el bautismo y renovándonos por el Espíritu Santo. Y derramó abundantemente ese Espíritu sobre nosotros por medio de Jesucristo, nuestro Salvador, a fin de que, justificados por su gracia, seamos en esperanza herederos de la Vida eterna.

Palabra de Dios.

Lectura del santo Evangelio según san Lucas 2, 15-20

Después que los ángeles volvieron al cielo, los pastores se decían unos a otros: «Vayamos a Belén, y veamos lo que ha sucedido y que el Señor nos ha anunciado.»
Fueron rápidamente y encontraron a María, a José, y al recién nacido acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que habían oído decir sobre este niño, y todos los que los escuchaban quedaron admirados de lo que decían los pastores.
Mientras tanto, María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón. Y los pastores volvieron, alabando y glorificando a Dios por todo lo que habían visto y oído, conforme al anuncio que habían recibido.

Palabra del Señor.

Reflexión

Ya no habrá más guerra
entre el cielo y el suelo:
Dios está en la tierra,
ya la tierra en el cielo.
El cielo ya no está solo,
la tierra ya no está a oscuras,
Hermanos, cantad conmigo:
¡Gloria a Dios en las alturas!
Mas no nace solamente en Belén:
nace donde hay un ardiente corazón.
Nace en mí,
nace en cualquiera,
si hay amor;
nace donde hay verdadera comprensión
¡Gloria a Dios en las alturas!

Este es el canto de los ángeles en la Nochebuena, que repite la Iglesia. La Navidad es: Paz y Alegría, Esperanza y Luz, Amor y Entrega, Humildad y Grandeza, Silencio y Canciones.

En el evangelio de la misa de la Aurora de hoy, en el Cap. 2 Vers 15 al 20 del Evangelio de San Lucas leemos el pasaje en que se narra la visita de los pastores al Niño Jesús recién nacido, en seguida que el Ángel del Señor les anunció su nacimiento: Jesús, María y José estaban solos. Pero Dios buscó para acompañarlos gente sencilla, unos humildes pastores. Esa noche, ellos son los primeros y los únicos en saber del nacimiento del Mesías en la tierra. En cambio, hoy, lo saben millones de hombres de todo el mundo. La luz de la noche de Belén ha llegado a muchos corazones. Los pastores que aquella noche la acogieron, encontraron una gran alegría. La alegría que brota de la luz. La oscuridad del mundo superada por la luz del nacimiento de Dios.
Dios quiso que los pastores fueran también los primeros mensajeros. Ellos contarán los que han visto y oído. Y nos dice el evangelio que todos los que los escuchaban quedaron admirados de lo que decían los pastores. Igualmente a nosotros se nos revela Jesús en medio de la normalidad de nuestros días, y también nosotros necesitamos las misma sencillez y humildad de los pastores para llegar hasta Él. Debemos estar atentos para descubrir a Jesús en la sencillez de lo ordinario, envuelto en pañales y reclinado en un pesebre, sin demostraciones aparatosas. Y todo el que ve a Cristo se siente movido a darlo a conocer en seguida. No puede esperar. Alegrémonos todos en el Señor, porque nuestro Salvador ha nacido en el mundo.
San Bernardo nos anuncia: Hoy, desde el Cielo, ha descendido la paz sobre nosotros. Acabamos de oír un mensaje que rebalsa de alegría y es digno de todo aprecio: “Cristo Jesús, el Hijo de Dios, ha nacido en Belén de Judá. El anuncio me estremece, mi espíritu se enciende en mi interior y se apresura, como siempre, a comunicar esta alegría y este júbilo”. Hoy ha nacido nuestro Salvador. No puede haber lugar para la tristeza, cuando acaba de nacer la vida; la misma que acaba con el temor de la mortalidad, y nos infunde la alegría de la eternidad prometida.
Nadie tiene por que sentirse alejado de la participación de semejante alegría, a todos es común el motivo para el júbilo: porque nuestro Señor ha venido a liberarnos a todos: Pues el Hijo, al cumplirse la plenitud de los tiempos asumió la naturaleza humana para conciliarla con su Creador. De aquí nace para todos, la alegría de estas fiestas.
Cantamos con júbilo en estos días de Navidad porque el amor está entre nosotros hasta el fin de los tiempos. La presencia del Niño es el amor en medio de los hombres; y el mundo no es ya un lugar oscuro: quienes buscan amor saben donde encontrarlo. Y es de amor de lo que esencialmente estamos necesitados los hombres; también aquellos que pretenden estar satisfechos de todo.
Cuando en el día de hoy nos acerquemos a besar al Niño o contemplemos un Pesebre, o meditemos en este gran misterio, agradezcamos a Dios su deseo de hacerse pequeño para que lo podamos entender y amar y decidámonos también nosotros hacernos como niños, para poder así entrar un día en el Reino de los Cielos

SANTORAL: Natividad del Señor

La Navidad tuvo su origen en una fiesta pagana de la antigua Roma, en que se celebra “el día del natalicio del Sol invicto”, después de la noche más larga del año (25 de diciembre). En esta ocasión, los esclavos recibían presentes de sus señores y eran invitados a sentarse a la mesa como ciudadanos libres. La fiesta de Navidad cristiana, habría sido instituída por el obispo Telesforo, pero por mucho tiempo permaneció incierta. El día de Navidad cambiaba según las localidades. El primer documento que atestigua la fecha del 25 de diciembre es romano y se remonta al año 330. Se eligió ese día para contraponerlo a las fiestas paganas del solsticio de invierno, dedicado al nacimiento del sol. El cristianismo dió un nuevo significado a esta fiesta, al celebrar el nacimiento de aquel que es el verdadero Sol, la Luz del mundo, Día que rompe las tinieblas. Hoy es el día de todos los que creemos en la vida, en la fuerza del amor, en la comunión y en la fraternidad universal.

Hoy también celebramos: Nuestra Señora de Belén. Santos: Susana, Anastasia, Noelia, Eugenia, Felipe, Claudia, Sergio, Abdón, Proto, Yocinto, mártires; Maelán, obispo.

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