Homilía del martes 2 de octubre 2018, XXVI ORDINARIO

Tender la mano a un niño es darle la oportunidad de reencontrar el sentido de su vida, de mirar más allá de sí mismo, de descubrir a Dios. Por eso Jesús nos urge a acoger y proteger a quienes van comenzando su vida. Esto les permitirá en adelante buscar cómo desarrollar su vida, sus capacidades y, en definitiva, cómo ubicarse como hijo de Dios y participar en la vida de la familia, de la sociedad. Un niño recuperado es bien para él, la familia, todos. Agradezcamos al Padre el don de los ángeles custodios que desde niños nos han cuidado, acompañado, ayudado a vivir. Seamos ángeles para quienes descubren el don de la vida.

Homilía del martes 25 de septiembre, XXV ORDINARIO

El discípulo se va transformando en hermano del Hijo de Dios al ir cumpliendo la voluntad, con Él mismo, Padre. Nada es automático, supone un proceso: atender, seguir, escuchar, poner en práctica lo que Jesús dice, vive. También dejarse conducir y aceptar ir a donde, para Dios, el discípulo hace falta. El corazón del hombre que está sin sentido, perdido, vacío, encuentra su sentido al mirar al discípulo de Jesús que se va convirtiendo en hermano del maestro y escuchar la Palabra que es, desde el discípulo, el testimonio de lo que el Señor ha hecho en él.

¿Por qué honrar a tus padres puede hacerte feliz? Catequesis del Papa Francisco acerca del cuarto mandamiento

“Honra a tu padre y a tu madre, como el Señor tu Dios te ha mandado, para que tus días se prolonguen y seas feliz en la tierra que el Señor tu Dios te da”. Honrar a los padres conduce a una larga vida feliz. …No habla de la bondad de los padres, no requiere que los padres y las madres sean perfectos. Habla de un acto de los hijos, independientemente de los méritos de los padres, y dice algo extraordinario y liberador: incluso si no todos los padres son buenos y no todas las infancias son serenas, todos los hijos pueden ser felices, porque el logro de una vida plena y feliz depende de la justa gratitud con aquellos que nos han puesto en el mundo. Nuestras heridas comienzan a ser potenciales cuando, por gracia, descubrimos que el verdadero enigma ya no es “¿por qué?”, ​​sino “¿para quién?”,” ¿para quién?” me sucedió a mí. ¿En vista de qué obra me ha forjado Dios a lo largo de mi historia? Aquí todo se revierte, todo se vuelve precioso, todo se vuelve constructivo. Mi experiencia, aunque haya sido triste y dolorosa, a la luz del amor, ¿cómo se vuelve para los demás, para quién fuente de salvación?

La libertad que nos da Jesús, catequesis del Papa Francisco

…pensemos en las pasiones humanas: el goloso, el lujurioso, el avaro, el iracundo, el envidioso, el perezoso, el soberbio – y así sucesivamente- son esclavos de sus vicios, que los tiranizan y atormentan. No hay tregua para el goloso, porque la garganta es la hipocresía del estómago, que está lleno pero nos hace creer que está vacío. El estómago hipócrita nos vuelve golosos. Somos esclavos de un estómago hipócrita. No hay tregua ni para el goloso ni para el lujurioso que deben vivir del placer; la ansiedad de la posesión destruye al avaro, siempre acumulan dinero, perjudicando a los demás; el fuego de la ira y la polilla de la envidia arruinan las relaciones. Los escritores dicen que la envidia hace que el cuerpo y el alma se vuelvan amarillos, como cuando una persona tiene hepatitis: se vuelve amarilla. Los envidiosos tienen el alma amarilla, porque nunca pueden tener la frescura de la salud del alma. La envidia destruye. La pereza que evita cualquier esfuerzo hace incapaces de vivir; El egocentrismo, -ese ego del que hablaba- soberbio cava una fosa entre uno mismo y los demás.

Homilía del viernes 7 de Septiembre del 2018, XXII ORDINARIO

Una cosa es que sepamos que todos tenemos la capacidad de servir para algo, en algo, a alguien. Otra es que nos capacitemos en ese servicio. Y una más es que decidamos servir desde el mandato del amor de Cristo. Este mandato del amor nos lleva a desarrollar integralmente nuestra persona para poder servir mejor, siempre mejorar en eso. Esta es una respuesta desde la libertad interior, de orientar nuestra identidad y vida en un sentido de fe.

El Papa Francisco habla en su catequesis de la idolatría

El becerro tenía un doble significado en el antiguo Oriente Próximo: por un lado representaba la fertilidad y la abundancia, y por el otro representaba energía y fuerza. Pero, sobre todo, es dorado, por lo que es un símbolo de riqueza, éxito, poder y dinero. Estos son los grandes ídolos: éxito, poder y dinero. ¡Estas son las tentaciones de todos los tiempos! Esto es lo que es el becerro de oro: el símbolo de todos los deseos que dan la ilusión de libertad y en su lugar esclavizan. Es atractivo y tú caes.

Lecturas del 6 de Julio del 2018 (Viernes de la Semana 13)

El Señor le dice a Mateo: Sígueme. Mateo, instantáneamente lo siguió. Mateo, deja todo y lo sigue. ¡Qué lección, para nosotros! Mateo, siendo rico, sin dudar, dejó todo y siguió a Jesús. Se produjo en él una conversión del corazón, y se desprendió del apego a sus bienes, para seguir a Jesús. Nosotros deberíamos hoy mirar qué cosas nos atan. Qué cosas nos impiden poder responder hoy, generosamente, al llamado que Jesús nos hace también a nosotros: Sígueme.

Dios no pide nunca sin haber dado antes: primero salva, después da, luego pide

No nos salvamos solos, pero de nosotros puede salir un grito de ayuda: “Señor, sálvame, Señor enséñame el camino, Señor, acaríciame, Señor, dame un poco de alegría”. Esto es un grito que pide ayuda. Esto depende de nosotros: pedir que nos liberen del egoísmo, del pecado, de las cadenas de la esclavitud. Este grito es importante, es oración, es conciencia de lo que todavía está oprimido y no liberado en nosotros. Hay tantas cosas que no han sido liberadas en nuestra alma, “Sálvame, ayúdame, libérame”. Esta es una hermosa oración al Señor. Dios espera ese grito porque puede y quiere romper nuestras cadenas; Dios no nos ha llamado a la vida para estar oprimido, sino para ser libres y vivir con gratitud, obedeciendo con alegría a Aquel que nos ha dado tanto, infinitamente más de lo que nosotros podremos darle. Es hermoso esto ¡Que Dios sea siempre bendito por todo lo que ha hecho, lo que hace y lo que hará en nosotros!

Homilía del martes 26 junio de 2018, XII ORDINARIO

‘Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde’. Este dicho nuestro tiene mucho de verdad al referirlo a cosas, personas, situaciones. Nos habituamos a algo, a alguien, y ya no lo valoramos hasta que lo perdemos. Es peligroso tener la fe y dejarla escondida. Se va perdiendo la relación con Dios y nos vamos habituando a las cosas rutinarias, perdemos de vista el sentido de la vida, de las cosas, que podemos encontrar estando con Dios. El don del Espíritu Santo es más que una perla. Vivir bajo el reinado de Dios es un tesoro escondido. Despreciar estos dones es como provocar que todo se vuelva en nuestra contra: en vez de paz, violencia, en vez de vida, muerte.

El Papa Francisco llama a los jóvenes a vivir sin mediocridad

Cuántos jóvenes intentan “vivir” y en cambio se destruyen persiguiendo cosas efímeras. Algunos piensan que sea mejor apagar este impulso, -el impulso de vivir- porque es peligroso. Quisiera decir, sobre todo a los jóvenes: nuestro peor enemigo no son los problemas concretos, por muy graves y dramáticos que sean: El mayor peligro en la vida es un mal espíritu de adaptación que no es la mansedumbre ni la humildad, sino la mediocridad, la pusilanimidad. Un joven mediocre ¿es un joven con futuro o no? ¡No! Se queda ahí; no crece, no tendrá éxito. Esos jóvenes que tienen miedo de todo. “No, yo soy así…” Esos jóvenes no saldrán adelante. El beato Pier Giorgio Frassati decía que debemos vivir, no ir tirando. Los mediocres van tirando. Vivir con la fuerza de la vida. Hay que pedir a nuestro Padre Celestial para los jóvenes de hoy el don de la inquietud saludable.