Homilía del martes 14 de agosto de 2018, XIX TIEMPO ORDINARIO

Un niño es la traducción a la vida de las bienaventuranzas en su primer momento: es pobre, antepone la confianza en los papás a todo lo demás. Esta confianza lo hace deseoso siempre del amor, con pureza en cuanto claridad y paz; aprende a compartir lo que tiene. Está a la entrada del Reino. Jesús lo buscará y cuidará siempre, vigilará que nada le pase.

Homilía del domingo 12 agosto de 2018, XIX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Dios Padre ha hablado a la humanidad desde el principio. Todos podemos saber de Él, conocerlo y, en Cristo, vivir en Él. Por el Espíritu comprendemos la vida que se nos ha dado. Ahí está el llamado a vivir como Cristo. Nuestra reacción como discípulos misioneros es llevar al mundo la vida nueva: “Vivan amando como Cristo, que nos amó y se entregó por nosotros, como ofrenda y víctima de fragancia agradable a Dios”. El mundo necesita de quien pueda llevar esta vida que permanece, el amor en la familia, para toda persona.

Homilía del lunes 23 de julio de 2018, XVI ORDINARIO

En la vida social la justicia se mide por el cumplimiento de las leyes que cada país y éstos en su conjunto proclaman algunas. En la vida de fe la ley de Dios es el amor hasta la misericordia; la injusticia es no cumplirla, no agradecerla. El Señor afirma: “Hombre, ya te he explicado lo que es bueno, lo que el Señor desea de ti: que practiques la justicia y ames la lealtad y que seas humilde con tu Dios”.

Homilía del viernes 20 julio de 2018, XV ORDINARIO

Tal vez muchas veces queremos hacer algo por los demás pero no sabemos qué ni para quién. Si seguimos a Jesús, será sencillo entender que necesitamos partir de la oración humilde, confiada, de abandono. Esta oración va seguida de la mirada en nuestro entorno, donde podemos encontrar personas que se acercan, que rechazan, que buscan. No importa lo que manifiesten, lo que importa es el anuncio del Reino que llevamos.

Homilía del jueves 19 de julio de 2018, XV ORDINARIO

En la relación interpersonal se dan varios pasos. Desde interesarse el uno por el otro, platicar, conocerse, hasta entrar en confianza. Dentro de la confianza está el comunicar las cosas importantes, los gozos y las tristezas. Jesús nos invita a este nivel de confianza: “Vengan a mí, todos los que están fatigados y agobiados por la carga, y yo les daré alivio”.

Homilía del martes 17 de julio de 2018, XV ORDINARIO

Hay dos aspectos de nuestra persona que son muy importantes, pero que si no los controlamos y educamos pueden causarnos problemas: la imaginación, que sirve para crear, recordar cosas y solucionar problemas; y los sentimientos, que nos permiten comprender a los demás, estar en sintonía con quien sufre o está alegre. Pero ambos nos pueden traicionar y hacer creer que lo que imaginamos y sentimos es la realidad, lo cual no siempre sucede. En la fe, querer acomodar a Dios a nuestra imaginación y sentimientos nos puede llevar a alejarnos de Él, no recibirlo ni seguirlo.

Homilía del lunes 16 de 2018, XV ORDINARIO

“No piensen que he venido a traer la paz a la tierra; no he venido a traer la paz, sino la guerra”. Una etapa en el camino de seguimiento de Jesús es la guerra que nos señala: trascender la familia, romper con ella si es necesario. No se trata de la desintegración familiar a causa de egoísmos, celos, envidas, no es una situación de pecado lo que propicia esta guerra. Es la decisión de seguir a Cristo por encima de todo, aún renunciando, yendo más allá de la familia.

Homilía del sábado 7 de julio de 2018, XIII ORDINARIO

No sabemos, a veces, qué es lo importante, qué sí es enseñanza de Cristo, qué es añadidura nuestra. Así sucede, por ejemplo, con el ayuno. En cuaresma sube el precio del pescado y el marisco, baja un poco el de la carne. Esos son los efectos de nuestro modo cerrado de entender nuestra fe, limitada a normas, tradiciones. Perdemos de vista lo esencial. El ayuno para Jesús va más a reconocer su ausencia, y la necesidad de darle espacio en nuestro interior. No es tanto comer o no comer. Es saber que estamos viviendo sin Él, que está ausente de nuestras decisiones, nuestra manera de tratarnos unos a otros, de la aplicación de la justicia y la verdad. Dejar de comer significa enfrentar el egoísmo, caminar hacia el encuentro del Señor, para que nos llene su vida. Él es misericordioso, como lo muestra el profeta desde antiguo.